
Zeus, que no le dio un bofetón nada más escuchar la pregunta de su atolondrada hija Artemisa porque aun siendo el mandamás del Olimpo últimamente circulaban una corrientes aperturistas y no daría una buena imagen al resto de Dioses si le cruzaba la cara sin más, no sólo se aguantó como pudo la ira –pues tenía una mala uva de mil demonios– ante semejante supina cuestión sino que además le respondió lo que sigue:
“La pregunta que deberías haberme hecho, oh máxima retrasada del Olimpo (maldigo el día en que me acerqué por detrás a esa carne con patas que responde al nombre de tu madre), es si, en pocas, en escasas, en algunas, en determinadas o en muchas circunstancias, es real o irrealmente un concepto negativo la idea de manipular. Automáticamente convendremos que no, puesto que en sí cualquier idea, en cuanto que al primero y más obvio de los actos del entendimiento que se limita al simple conocimiento de algo, idea es y no hecho. Pero ahora y puesto (y bien puesto que estoy, ¿de qué?, no preguntar que nos os conviene irritarme), deberíamos preguntarnos: ¿y la manipulación (sin idea alguna de por medio)? Bueno, pues en este caso aquí diría lo que sigue: tal vez sí, o tal vez no, es un término, pero sino no lo es, ¿qué es entonces?, ¿un animal acuático? Bien, supongamos por un momento que término sea, y así digo yo de nuevo (¿y qué sino decir es lo que hago sin parar para sufrimiento de todos los seres despiertos?) y porque yo lo valgo al ser el mandamás: es un término cuya esencia se debería revisar, pues revisémosla entonces: a contra-tenor de cómo está su definición redactada en el diccionario, ¿y cómo está redactada, esto es, de qué manera se ha puesto por escrito? Juntando una serie de letras para formas palabras y unas cuantas palabras hasta formar una o varias oraciones, diría yo para variar y por si no fuera ya suficiente. Pero es que, oh analfabeta hija, ¿acaso no sabes lo de manipularis, manipulatim, manipulus? Sí ya sé, menuda desgracia tengo contigo; ya sé que tú habitualmente sólo declinas raíces del tipo de copula, copulation, copulo, copulāre y otras afines. Pues si tu supieras de latín lo mismo que yo, pues de hecho nada ya que no debería conocer algo que todavía no existe, sabrías que en según qué circunstancias (pongamos tirar adecuadamente la cadena de un retrete para proceder a dejar bien limpia la taza), la manipulación puede no ser necesariamente algo malo o negativo pues imagínate sino manipulamos con habilidad la cadena del retrete, ¡menudo problema de salubridad pública tendríamos aquí formado en el Olimpo! Y entonces, y por si fuera poco lo dicho, viene ahora el concepto: pues que venga, digo yo; ¡ya ha llegado!, ¡que entre entonces, no vaya a esperar en medio de la corriente y nos pille un resfriado! Perfecto, así me gusta, que se me obedezca a pie (o piernas) juntillas. Ya tenemos aquí al concepto mismo: vamos a mirarlo a continuación con atención: pues bien una vez observado, ya estoy en condiciones de decirte a modo de colofón de mi ordenadísima y clarividente exposición: si disponemos de una habilidad, ¿debemos renunciar a ejercitarla? , o mejor planteado (aunque esto sea siempre muy difícil o casi imposible viniendo de mí), ¿podemos evitar ejercitarla?”
“La pregunta que deberías haberme hecho, oh máxima retrasada del Olimpo (maldigo el día en que me acerqué por detrás a esa carne con patas que responde al nombre de tu madre), es si, en pocas, en escasas, en algunas, en determinadas o en muchas circunstancias, es real o irrealmente un concepto negativo la idea de manipular. Automáticamente convendremos que no, puesto que en sí cualquier idea, en cuanto que al primero y más obvio de los actos del entendimiento que se limita al simple conocimiento de algo, idea es y no hecho. Pero ahora y puesto (y bien puesto que estoy, ¿de qué?, no preguntar que nos os conviene irritarme), deberíamos preguntarnos: ¿y la manipulación (sin idea alguna de por medio)? Bueno, pues en este caso aquí diría lo que sigue: tal vez sí, o tal vez no, es un término, pero sino no lo es, ¿qué es entonces?, ¿un animal acuático? Bien, supongamos por un momento que término sea, y así digo yo de nuevo (¿y qué sino decir es lo que hago sin parar para sufrimiento de todos los seres despiertos?) y porque yo lo valgo al ser el mandamás: es un término cuya esencia se debería revisar, pues revisémosla entonces: a contra-tenor de cómo está su definición redactada en el diccionario, ¿y cómo está redactada, esto es, de qué manera se ha puesto por escrito? Juntando una serie de letras para formas palabras y unas cuantas palabras hasta formar una o varias oraciones, diría yo para variar y por si no fuera ya suficiente. Pero es que, oh analfabeta hija, ¿acaso no sabes lo de manipularis, manipulatim, manipulus? Sí ya sé, menuda desgracia tengo contigo; ya sé que tú habitualmente sólo declinas raíces del tipo de copula, copulation, copulo, copulāre y otras afines. Pues si tu supieras de latín lo mismo que yo, pues de hecho nada ya que no debería conocer algo que todavía no existe, sabrías que en según qué circunstancias (pongamos tirar adecuadamente la cadena de un retrete para proceder a dejar bien limpia la taza), la manipulación puede no ser necesariamente algo malo o negativo pues imagínate sino manipulamos con habilidad la cadena del retrete, ¡menudo problema de salubridad pública tendríamos aquí formado en el Olimpo! Y entonces, y por si fuera poco lo dicho, viene ahora el concepto: pues que venga, digo yo; ¡ya ha llegado!, ¡que entre entonces, no vaya a esperar en medio de la corriente y nos pille un resfriado! Perfecto, así me gusta, que se me obedezca a pie (o piernas) juntillas. Ya tenemos aquí al concepto mismo: vamos a mirarlo a continuación con atención: pues bien una vez observado, ya estoy en condiciones de decirte a modo de colofón de mi ordenadísima y clarividente exposición: si disponemos de una habilidad, ¿debemos renunciar a ejercitarla? , o mejor planteado (aunque esto sea siempre muy difícil o casi imposible viniendo de mí), ¿podemos evitar ejercitarla?”


